La mulata y yo

Ayer estuve con una mulata caribeña. Me dijo que me amaba, aunque supongo que se lo dicen a todos. El caso es que me la encontré en aquel club de mala muerte, en la barra, pasándose el lápiz de labios. Me miró de reojo y me sacó la lengua, sólo una puntita, dándome a entender que esa noche estaba dispuesta a todo.

Hice una seña al barman, y le sirvió una copa. Bebió un pequeño sorbo, se humedeció bien la boca y sacó de nuevo la lengua. La paseó sensualmente por todo el labio superior. En ese momento, ya pensé que estaba perdido. Al poco, después de haberme lanzado algunas insinuantes miradas a las que yo había respondido con una media sonrisa, comenzó a acercarse ondulando las caderas como sólo una mulata de esa clase sabe hacer.

- ¿Quieres, encanto?
- Sí, ¿por qué no?

La seguí mientras seguía ondeando el culo como una bandera inmensa que me conducía a la guerra total. Subimos a un altillo, donde se distinguía un pasillo con varias habitaciones que parecían cubículos. Antes de proseguir, un tipo de mandíbula caballar me pidió la plata. Se la di y entramos a una de las habitaciones libres. Se encendió una luz, de forma automática.

- Me llamo Toni -me dijo.
- Bonito nombre.
- ¿Y tú, encanto?
- Sergio.

Mientras me hablaba de la escasa clientela a esas horas, se iba desvistiendo, una prenda tras otra. La observaba con fascinación. Me quedé con la mirada prendida.

- ¿Qué te pasa, cielo?
- Nada, sigue...

Emergieron sus pechos, como dos montañas doradas. Cuando se aflojó el sujetador, se deslizaron como colinas de arena, ondulantes y ardientes. Después se quitó las braguitas y se quedó un rato con los brazos caídos, mirándome fijamente. Aquella visión me alteró.

- ¿Vienes, cariño?

Comencé a quitarme la ropa, mientras ella se tendía en la cama... y abría sus piernas, para que yo mirase su hendidura, hinchada y tierna, oscura...

Lancé hacia atrás lo que me quedaba de ropa y me tiré a aquel pozo como a un manantial sin fondo. La penetré furiosamente, como si fuese la primera y única mujer sobre la tierra. Me acarició la cabeza y me besó, como una madre.

Pero era una puta, y yo seguí hincando aquel miembro enfebrecido hasta que salió de repente el magma, como una erupción volcánica y desbocada.

Después, me dormí. Cuando desperté estaba en un hospital, y me extrañé. Apareció un médico y pensé lo peor, que aquella mala puta me habría narcotizado y que me habrían sacado algún órgano.

Pero todo era mucho más sencillo. Me había desmayado en aquel club, y ella misma me había llevado al hospital. Al salir el médico, entró ella y se inclinó sobre mi oído.

- Te amo, Sergio.

Sólo pude oir eso y el ruido de unos tacones altos, alejándose. Cerré los ojos, pesadamente.

- Sergio, querido... ¿qué quieres desayunar hoy?

Era mi blanca, con su cantinela matinal.

- Has tenido un sueño muy agitado e inquieto esta noche, querido mío.
- Sí, mi cabeza está pesada... casi no la noto.
- Date prisa, los niños te esperan, pesadito mío.

Después de arreglado, acicalado y desayunado, les dije a los niños:

- Vamos, pequeños, seguid a papá, hoy vamos a explorar la selva tropical.Y los llevé al colegio. En fin.

(Publicada también en Grupo Buho)

1 comentarios:

Anónimo dijo...

jajaja!
no nos haga esto, compadre!
Es el peor relato erotico del mundo!
"La leche"???
Va en serio??
Qué mal gusto, que tópico, que pobre...