Amor mío, eterno y bendito, jamás te enviaré esta carta... por eso me atrevo a escribirla. Quiero que sepas que te amo con locura, que estoy ido, enajenado de mí mismo, que sólo pienso en ti, en tu figura, en tu cara de ángel, hermosa y radiente.
No me preguntes por qué te quiero así, no tengo razones, sólo meras suposiciones. Siento que eres mía, que siempre lo has sido, y sufro cuando te veo con otro, y siento cómo mi vida pierde sentido, y lucho por no sentirlo, y me retiro.
Queridísima mía, cuando abras esta carta (pero no, he dicho que nunca la enviaré)... pero si la abrieras, casualmente, porque voló y llegó a tu ventana, por un azar, por un destino, que sepas que sigo sin razones, y que mi amor es puro, y sin sentido.
Te amo porque eres tú, porque eres como eres, porque te siento, porque te adoro y me enamoro de cada poro de tu piel, de cada cabello, de cada célula que te protege del sol y del frío y del viento... y de mí mismo.
Hasta puede que sea tu enemigo, cuando debiera ser tu amigo. Perdóname, pero tu indiferencia me mata, me taladra los oídos... y quisiera convertirme en nada. Sólo una noche pasé contigo. Y aquí sigo, malherido.
Sólo sé que sin ti no he sido... ni seré.
(Publicado también en Grupo Buho)
Pasión
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)




1 comentarios:
Es la misma que la del cuento anterior?
Ya se por que se fue: le recitaste tu poema!!!
Es broma... no se me vaya a ofender...
Publicar un comentario en la entrada