De todas las cosas que el mundo me ha dado, amo una como la más querida y preciosa. Siento curiosidad como otros respiran o golpean su sien con las venas. Al son de cada latido, el descubrimiento de un secreto, de un enigma escondido.
Con cada mirada plena, la aparición de un sentido. Y con cada pensamiento, un deseo, un incendio, un rapto: encontrarte quiero, y encontrarme en ti... si puedo.
Cada vez que levanto la vista al cielo, cientos de nubes me impiden verlo. Pero mi mirada es más profunda, y descubro las lejanas estrellas en cada signo.
Cuando miro atento al microscopio de la vida, germina el trigo o una camada nueva tiene la loba. Es un movimiento continuo y fecundo.
Así soy yo: curioso impenitente. Pero lo morboso está en que no lo hago a propósito. Me sale sin quererlo, como una expresión de júbilo. Mi alegría es un torrente, que discurre precipitado y fluyente.
¿Mi secreto? Un arcano encendido... y perpetuo.
(Publicado también en Grupo Buho)
Propensión
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