Te pienso como una dulce reina. Te deseo y te anhelo. Daría mi vida por ti, amor.. y palabra sólo tengo una. Me apasiono y me desvelo. No puedo dormir, de puro celo. Te siento como una flor viva: del sol tomas la luz, de la luna tus aromas. Y te persigo entre las dunas... ¡y me muero!
Te recito mi verso empobrecido, siempre al borde del camino, siempre inquieto y desvalido. Las palabras no son nada, sólo un modelo hueco. Tu mirada es el todo, que me llena y me atormenta, en noches de luna llena. Tu belleza es mi perdición, que me transporta y alimenta. Y tu inteligencia mi sentir, que me eleva y ennoblece.
Dulce querencia en horas muertas, silentes y quietas. Amor dado, y recibido, y bienhallado. Querida mía, sólo para ti, presencia viva... tengo palabras. De amor penetradas. De amor partidas. Mi corazón robado, ceñido, es tuyo. Nada es mío. Me doy y me derramo entero, y duermo, como un tierno niño, en las entrañas de tus sueños.
Publicado también en Grupo Búho (dedicado a Gominola)
Desde el corazón
domingo 30 de marzo de 2008
Golondrina
Vienes como una golondrina, juguetona y malandrina, a posarte en mi hombro, y no salgo de mi asombro. ¿Te he llamado o te has perdido? De mi boca salen estrellas de amor que van a morir en un océano indefinido, mientras me arropas con el calor de tu nido.
Ya llega la primavera, y mi sangre está revuelta, y yo mismo estoy salido. Ayer tuve una polución, y la verdad... no sé cómo ha sido. Y hoy elevo al bronceado cielo un canto ardiente, y sólo espero un eco adolescente de mi yo más profundo.
Ven a mí, arisca y dulce, como hermosa doncella macerada en la pena. Deja que te lleve, que te guíe, que te enseñe mis arrebatos y mis penas, a las que nadie nunca tuvo acceso. Deja, golondrina, que te envenene de amor, y te ilumine con mi sueño. Silencio y oquedad, martirio pleno.
(Publicado y dedicado a Gominola, en Grupo Buho)
lunes 24 de marzo de 2008
Erótica Festiva
Yo me había enamorado locamente de una mujer maravillosa, pero como casi siempre me ha pasado en la vida, recibí un fuerte golpe en mi orgullo varonil. A las primeras de cambio, me trocó por otro... más varonil que yo, por supuesto.
Sin embargo, su confesión me afectó bastante, para qué negarlo. Me soliviantó tanto que después de una noche sin dormir, me dejé caer por las Ramblas, cerca del puerto. Arrastraba mis pies como un condenado, y tenía la mirada perdida. A los pocos minutos se acercó una puta. Comenzó su ronroneo monótono y se colgó de mi brazo. Me dejé llevar.
Entramos en el bloque de apartamentos que ella utilizaba y subimos a una habitación. La puta se quitó la ropa en un santiamén y se sentó en la cama, esperándome. Cuando por fin me hube desnudado, lo que me llevó un buen rato... me dijo dulcemente que la dejara hacer. Me tendí en la cama y ella se puso encima, bien pegadita a mí. Yo estaba tan triste que no me preocupé de nada, ni siquiera de empalmarme. Pero logré animarme un poco y comencé a acariciarle los hombros, y entonces me dijo:
- No, cielo, ahí no, en el culete, que estoy quemada por el sol.
No le di importancia y mis manos se fueron mecánicamente a sus nalgas. Pero seguía sin ponérseme dura, así que me fui a los pechos. Quería que la puta se irguiera, pero seguía oponiendo resistencia y abrazándose a mí, lo cual casi agradecía... porque rápidamente me di cuenta que estaba allí para obtener un consuelo, por raquítico y miserable que fuera, y que el sexo era lo de menos.
Pero la chorva tenía un par de tetazas, y no quería desaprovecharlas, así que mi instinto me guió otra vez hacia ellas, las toqué y sobé un rato hasta que aquello (mi verga) parecía que quería izarse. La puta ya tenía los pezones duros como diamantes y quise probarlos. Bruscamente, sin yo esperarlo, de un salto se puso en pie.
- No, así no se puede trabajar, lo siento.
Y comenzó a vestirse con rapidez. Laboralmente hablando, la comprendí. Me quedé sentado en la cama, mirándola. De pronto, comencé a llorar, y le imploré que se quedara un poco más, sólo para hablar, porque lo estaba pasando mal.
- Ah, no... eso no, a mí no me hagas eso -dijo.
- Si quieres te doy más dinero, todo el que llevo.
- No, no es necesario, Sergio... de verdad. Es que no me gustan este tipo de historias.
Y se fue tan rápidamente que no me dio tiempo a insistirle. Dejé de gimotear como un capullo y me apresté a vestirme. Lo hice calmadamente, resignado por completo. Cuando estuve listo, eché mano a mis bolsillos, una vieja manía. Todo parecía en orden, así que me dispuse a salir. Cuando bajaba las escaleras, toda la escena apareció diáfana ante mis ojos, como si un fogonazo me hubiese iluminado de repente.
Corrí escaleras abajo y a la calle. Corrí hacia las Ramblas, puesto que el bloque estaba situado en un callejón lateral. No logré verla. Pero comprendí que por primera vez (y última) una puta me había robado. ¡Qué hija de su madre! Con la excusa de la piel quemada, mientras yo le sobaba las nalgas como un desgraciado chingado, había hurgado con una de sus manos libres mis bolsillos y se había hecho con los tres o cuatro billetes que llevaba.En un par de minutos se me pasó el cabreo y comencé a reir. A mandíbula batiente. Me tomaron por uno de aquellos viejos borrachos que aún pululaban por allí. No habían dado las siete, Barcelona estaba vistiéndose con la luz de un radiante sol y yo tenía treinta años miserablemente administrados. Pero estaba contento y entré sonriendo a un bar. Fin.
(Publicado también en Grupo Buho)
Pasión
Amor mío, eterno y bendito, jamás te enviaré esta carta... por eso me atrevo a escribirla. Quiero que sepas que te amo con locura, que estoy ido, enajenado de mí mismo, que sólo pienso en ti, en tu figura, en tu cara de ángel, hermosa y radiente.
No me preguntes por qué te quiero así, no tengo razones, sólo meras suposiciones. Siento que eres mía, que siempre lo has sido, y sufro cuando te veo con otro, y siento cómo mi vida pierde sentido, y lucho por no sentirlo, y me retiro.
Queridísima mía, cuando abras esta carta (pero no, he dicho que nunca la enviaré)... pero si la abrieras, casualmente, porque voló y llegó a tu ventana, por un azar, por un destino, que sepas que sigo sin razones, y que mi amor es puro, y sin sentido.
Te amo porque eres tú, porque eres como eres, porque te siento, porque te adoro y me enamoro de cada poro de tu piel, de cada cabello, de cada célula que te protege del sol y del frío y del viento... y de mí mismo.
Hasta puede que sea tu enemigo, cuando debiera ser tu amigo. Perdóname, pero tu indiferencia me mata, me taladra los oídos... y quisiera convertirme en nada. Sólo una noche pasé contigo. Y aquí sigo, malherido.
Sólo sé que sin ti no he sido... ni seré.
(Publicado también en Grupo Buho)
sábado 22 de marzo de 2008
La mulata y yo
Ayer estuve con una mulata caribeña. Me dijo que me amaba, aunque supongo que se lo dicen a todos. El caso es que me la encontré en aquel club de mala muerte, en la barra, pasándose el lápiz de labios. Me miró de reojo y me sacó la lengua, sólo una puntita, dándome a entender que esa noche estaba dispuesta a todo.
Hice una seña al barman, y le sirvió una copa. Bebió un pequeño sorbo, se humedeció bien la boca y sacó de nuevo la lengua. La paseó sensualmente por todo el labio superior. En ese momento, ya pensé que estaba perdido. Al poco, después de haberme lanzado algunas insinuantes miradas a las que yo había respondido con una media sonrisa, comenzó a acercarse ondulando las caderas como sólo una mulata de esa clase sabe hacer.
- ¿Quieres, encanto?
- Sí, ¿por qué no?
La seguí mientras seguía ondeando el culo como una bandera inmensa que me conducía a la guerra total. Subimos a un altillo, donde se distinguía un pasillo con varias habitaciones que parecían cubículos. Antes de proseguir, un tipo de mandíbula caballar me pidió la plata. Se la di y entramos a una de las habitaciones libres. Se encendió una luz, de forma automática.
- Me llamo Toni -me dijo.
- Bonito nombre.
- ¿Y tú, encanto?
- Sergio.
Mientras me hablaba de la escasa clientela a esas horas, se iba desvistiendo, una prenda tras otra. La observaba con fascinación. Me quedé con la mirada prendida.
- ¿Qué te pasa, cielo?
- Nada, sigue...
Emergieron sus pechos, como dos montañas doradas. Cuando se aflojó el sujetador, se deslizaron como colinas de arena, ondulantes y ardientes. Después se quitó las braguitas y se quedó un rato con los brazos caídos, mirándome fijamente. Aquella visión me alteró.
- ¿Vienes, cariño?
Comencé a quitarme la ropa, mientras ella se tendía en la cama... y abría sus piernas, para que yo mirase su hendidura, hinchada y tierna, oscura...
Lancé hacia atrás lo que me quedaba de ropa y me tiré a aquel pozo como a un manantial sin fondo. La penetré furiosamente, como si fuese la primera y única mujer sobre la tierra. Me acarició la cabeza y me besó, como una madre.
Pero era una puta, y yo seguí hincando aquel miembro enfebrecido hasta que salió de repente el magma, como una erupción volcánica y desbocada.
Después, me dormí. Cuando desperté estaba en un hospital, y me extrañé. Apareció un médico y pensé lo peor, que aquella mala puta me habría narcotizado y que me habrían sacado algún órgano.
Pero todo era mucho más sencillo. Me había desmayado en aquel club, y ella misma me había llevado al hospital. Al salir el médico, entró ella y se inclinó sobre mi oído.
- Te amo, Sergio.
Sólo pude oir eso y el ruido de unos tacones altos, alejándose. Cerré los ojos, pesadamente.
- Sergio, querido... ¿qué quieres desayunar hoy?
Era mi blanca, con su cantinela matinal.
- Has tenido un sueño muy agitado e inquieto esta noche, querido mío.
- Sí, mi cabeza está pesada... casi no la noto.
- Date prisa, los niños te esperan, pesadito mío.
Después de arreglado, acicalado y desayunado, les dije a los niños:
- Vamos, pequeños, seguid a papá, hoy vamos a explorar la selva tropical.Y los llevé al colegio. En fin.
(Publicada también en Grupo Buho)
Amada
Hoy no he dormido
pensando en ti, mi cielo.
Mi cabeza es un tambor
y mis oídos un zumbido.
Pero me siento feliz
de quererte así, con tanto celo.
¡Mira! ¿Ves?
Yo te veo, te miro
y siento un extravío.
Ven conmigo,
duerme ese anhelo,
que yo te velo.
Y sueño contigo.
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Pajaritos de color
Sigo riendo, saltando y siendo feliz. Tengo pajaritos en mi cabeza ¡qué juguetones son! Les abro las puertas, de par en par, pero no quieren irse. Son revoltosos y cantores de primera, ruiseñores del amor. Cantan y cantan, y sólo cantan amor. Yo me enfurezco a veces, pero ellos siguen cantando amor. Y me tranquilizo.
Me he acostumbrado tanto a ellos que ya no podría vivir sin su presencia cantora. En ocasiones, me preguntan que por qué no escucho música.
Es que la llevo dentro, incansable y eterna -les digo.Y siempre es deliciosa, porque exalta mis instintos amorosos, largo tiempo silenciados. Así es, mis pajaritos cantan, y yo salto, risueño y feliz. ¿Algún mal hago?
(Publicado también en Grupo Buho)
Decisión
Un buen día, encontrándome bien, animoso y valiente, decidí ser libre, por un afán de aventura. Y me eché a volar. No me costó mucho, puesto que, efectivamente, era libre. Y decidí emigrar. Volé y volé hasta llegar a la China. Durante el trayecto, cazadores hubo que quisieron abatirme, pero como era libre sus disparos sólo me hacían cosquillas.
Después de un rutinario vuelo de inspección por los alrededores de Chai-Ming, decidí tomar tierra. Entonces, me convertí otra vez en un bípedo andante. Decidí esperar al bus, puesto que me hallaba en las afueras de la ciudad. Y como era libre de esperarlo, lo esperé sentado.
Sin embargo, por lo que sea, apareció una unidad del ejército rojo. Me esposaron y me trasladaron a una cárcel. Dijeron que no llevaba pasaporte, y que esa infracción estaba penada por sus leyes.
Una vez cómodamente instalado en la cárcel, pensé que sólo se trataba de un trámite burocrático. Pero no, algo se traspapeló y pasaron los días (también las noches). Incluso se olvidaron de traerme la comida. El caso es que adelgacé tanto que mi perfil también se traspapeló. Mi destino era morir traspapelado.
Hasta que me cansé de esperar. Volví a decidir ser libre de nuevo. Alcé el vuelo, pasé limpiamente entre las rejas de la celda y volví a mi hogar. Tomé tierra otra vez, y con gran sorpresa mía, allí estaba esperándome mi amor, que me colmó de atenciones y mimos.
Decidí, por último, que nunca más quería ser libre. Deseaba estar dulcemente encadenado.
(Publicado también en Grupo Buho)
viernes 21 de marzo de 2008
Mi alma
Mi alma es un juego de cajas chinas. Abro una y me encuentro un diablo. La cierro en seguida. Abro otra y me sale un ángel, volando. Lo dejo marchar.
Abro una tercera y me encuentro a Dios, que me mira, y se rasca la barriga. Abro una cuarta, y una quinta...
Me dan las tantas, y cuando abro la última me encuentro al Amor. Me meto en ella y cierro la tapa. Silencio. Ya no busco más, me conformo y redimo.
(Publicado también en Grupo Buho)
Un anhelo
Hoy no he comido, ¡qué importa! Mi espíritu es juvenil y mi alimento, amor puro. Y el amor me hace danzar, y al danzar experimento un vértigo inusual. ¡Pura alegría!
Una bocanada de aire fresco y el mundo por montera. Es todo lo que necesito. El resto, palabras... sólo palabras, literatura fútil, evanescente parlamento.
(Publicado también en Grupo Buho)
Me siento feliz
Vengo saltando y riendo, como un danzarín. Circense es mi arte, que me evita la muerte. Me siento y observo. Me siento feliz. Tengo unas ganas inmensas de saltar y reir. Y es lo que hago, no importa si me dicen que calle y me aplaque. De puntillas paso enfrente y corro. Se asombran, más no por eso dejo de saltar y reir. Me siento feliz.
(Publicado también en Grupo Buho con el título: Presentación)
jueves 20 de marzo de 2008
A ella
Tras la gran inundación desbocada
ahí la encuentro, febril y agitada,
plena, generosa, culta y refinada.
Busca en las palabras aromas de pasión,
juegos y arcanos desmedidos, sin ton ni son.
Penetra en mi vida como un arpón,
rasgándola para mil secretos arrancar,
sin importarle la muerte ni el dolor.
Dama tan próxima y lejana,
la que requerir mi verso demanda.
Pues bien, aquí te lo ofrezco,
desnudo y terso, loco de aflicción.
Volar quisiera para amarte sin demora
mas... ¡hay tanto que hablar aún!
Me susurras que no me conoces,
como si conocerme supusiera un gran alivio.
Pero me entrego todo, ¿me oyes?
te doy mi alma, y mis palabras vanas,
y mi verbo insulso, y mis raíces secas...
por una sola lágrima de tu sentir,
mi bella dama encarnada
en una gota divina de lluvia fina.
Derrotada mi arrogancia, tuyo soy,
sin tu presencia y tu fluir nada soy.
¡Búscame, encuéntrame, ámame!
Dedicado a LilyJalile, de Grupo Buho
Ahora sí que sí
No hay más excusas, ni retardos. El último y más supremo esfuerzo me espera: dar vida al hijo de la palabra y el pincel.
Saludos.
martes 18 de marzo de 2008
Miserias Literarias
Casualmente, he dado con este blog, navegando al azar. Y como su nombre indica, expone de forma nítida y sin tapujo alguno, las miserias asociadas al mundo editorial.
De todas maneras, sus artículos sólo llegan hasta marzo de 2007. ¿Habrá cambiado en un año el negro panorama?
lunes 3 de marzo de 2008



