Amor compartido

Fue romántico hacerlo a la luz de la luna. Acariciarla, desearla, fundirse en sus ansias y lamentos, sacar de su garganta los gemidos más profundos, percibir su acoplamiento frenético sobre la fina arena de la playa, aquella noche, experimentar sus audaces y felinos acordes sensuales, vibrar bajo su influjo latino, de piel aterciopelada y morena, sufrir sus encantos como un amante enloquecido.

Me dormí junto a ella, feliz de haberla amado, con su cuerpo ondulado y provocador junto al mío, que latía de emoción contenida, esperando un melífico despertar. Soñé con ella, y volvimos a hacerlo, una y mil veces, en aquel estremecedor y placentero sueño rosado, a veces subido hasta el carmín.

Cuando desperté, ya no estaba. Pensé que la habían secuestrado, quién sabe si violado. Me desesperé, no sabía qué hacer, dónde buscar, a quién acudir. Afortunadamente, la vi al poco, risueña como siempre, haciéndolo de nuevo. Estaba con otro, a unos metros de mí, tras una barca.

Me acerqué y me enamoró de nuevo. La pasión que arrancaba de las manos trémulas del otro, de su boca... era muy parecida a la que conseguía conmigo. Me la dio, y volví a pasar mis dedos por sus cuerdas. Sonaba como siempre, como los ángeles.

(Publicado también en Grupo Buho)