Libertarse de uno mismo es la mayor aspiración a la que el ser humano puede acceder.
¡Y sólo puede hacerlo amando!
También es el máximo sacrificio, así como el acto de mayor generosidad que cabe imaginar.
El que no está contento con su vida, suele hacerlo desde la óptica del "sí propio". Espera recibir, incluso en ocasiones cree que entrega mucho más de lo que recibe.
Pero amar no consiste en esperar la limosna de la correspondencia, sino entregarse sin condiciones.
Sólo escapando de la propia cárcel es posible la libertad plena.
En tiempos de individualismo feroz, sé que éste no es el discurso más apreciado, incluso es el llamado a fracasar estrepitosamente. Pero es el que se me ocurre hoy, jejeje... ustedes perdonen.
(Publicado también en Grupo Buho)
El amor
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