Conjunto de palabras

En la vieja ensenada, la marinería atronaba la fragancia de la noche con sus canciones nostálgicas, a veces desoladas. Me llevé a la boca el corazón de la pulpa, el meyolote más tierno, mientras el metrónomo marcaba el compás a la metrópoli y el oro negro competía con el oro puro e incluso con el blanco. Me apuré y dejé en prenda un retrato de un antepasado, enmarcado en plata.

Soy un retozón... lo sé, pero no había lugar para las dudas en ese preciso instante, mi simiente no se perdería, soy muy taxativo en ello, escrupuloso incluso, y como un taumaturgo omnisciente preparo minuciosamente mi urdimbre tejida de sueño tautológico. Y aunque los úrsidos son hermanos copiosos e incluso alegres, no conviene fiarse, ni hacer oídos sordos.

Mi ofrenda es mi prebenda, mi canonjía, mi sinecura, al margen de prebostes sempiternos. Y si bien soy un precario lejos de mí convertirme en un sicario, por prudencia manifiesta que simula cobardía. Pero si no me doy al senado lisonjero, tampoco al populacho, si bien en ese oscuro tira y afloja soy más bien ligero de cascos.

Ya sé por qué el trigo candeal reluce al alba, aunque a nadie le importe, pero el conocimento suspenso tienta al semitono. ¿Se ha entendido? De lo contrario... ¡tirad al pianista, tirad, viejos coyotes incendiarios de la noche!

Publicado también en Grupo Buho.

Horacio Sinecura, amigo y poeta

In Memoriam(1968-2010)

De Horacio no puedo hablar como de un poeta más, porque llegó a ser mi amigo, en el curso de aquellas noches locas de los ochenta. ¿Cuántas horas sin dormir, cuántas críticas injustas!
Pero todo el esfuerzo valió la pena. Horacio se hizo poeta porque no servía para nada más, ahogado su instinto vital por su instinto estético. Procedía de una familia bereber, pero eso no le importaba mucho o nada, al parecer.
Comenzó por la desconstrucción del YO, después de innumerables caladas al alba, mientras las primeras luces despuntaban hiriéndole en lo más ignoto del alma.
Entonces, y sólo entonces, se interesó por la tarea de recoger los pedacitos. A fe mía que puso el alma y algo más. Cada pedacito era un poema, y según mis cálculos... ¡había miles de pedacitos!
Después de cada noche febril, me mostraba el resultado. Yo sólo veía palabras y frases absurdas, pero el titánico esfuerzo no era realizado en vano, no señor.
-Cada poema -me decía- representa una porción de mi alma en proceso de reconstrucción.
Pero después de doscientos poemas o así, le veía igual de desorientado, si cabe. Le dio por beber... y los poemas se volvieron más caóticos, aunque curiosamente Horacio los sentía con más profundidad y misterio.
Me comunicó solemnemente que después de mil poemas más aprox estaría en situación de volver a vivir nuevamente. De todos modos, los médicos no le dan vida más allá de 2010, su hígado anda algo jodido (según me comunicó su hermana, yo ya no me atrevo a verlo, de tan demacrado que está)
Pero él no escucha nada: para Horacio, después de su épica, el mundo habrá reinventado la lírica (sic) No puedo reproducir ningún poema porque destruyó toda su obra anterior, y los poemas actuales no se los deja ver a nadie, ni siquiera a mí. Los ingresa directamente (no conozco el sistema) en una caja fuerte en Pensylvania.

Publicado también en Grupo Buho.

La espiritualidad

La espiritualidad, despojada de todo signo, creencia, fe, ritual o admonición, es nuestra dimensión atemporal, filtrada por el vivir cotidiano y adaptada a un mundo cambiante y vertiginosa y rudamente materialista.

Los seres humanos de hoy -en su inmensa mayoría- han perdido de vista su lado incorpóreo, y se han quedado en exclusiva con lo banal, ya sea el último modelo de moto, la casa en la playa o las fotografías de los viajes.

Sólo cuando el individuo, como ser consciente y en alerta continua, ha llegado a mirar a la muerte cara a cara (en definitiva, a la nada) y ha percibido claramente la idiosincrasia y la idiocia de lo real, y lo ha rechazado... sólo entonces podemos asegurar que ha ganado el pulso a su ser material, para adentrarse en las profundidades de lo mistérico y divino.

Ser consciente, al fin y al cabo, es simplemente darse cuenta de algo, por pequeño que sea... quizás la vacuidad de lo superfluo, el estancamiento de las aguas antaño bravas o el chapoteo inconsciente en el mar de la avaricia. Cuando el ser humano se despoja de cualquier signo de materialidad, entra en el territorio de lo fértil, de lo espiritual... y crece.
Buen viaje, amigos.

(Dedicado a Luna Roja y publicado también en grupo Buho)

El autor y el lector.

Muchos creen que la literatura es un arte. Y que ese arte es juzgado por los llamados "expertos". Y que hay "cosas" que son literatura y otras que no lo son. Y por tanto... que habrá obras de arte magistrales o excelentes y otras sin valor alguno. Y que esta valoración irá cambiando con el tiempo y con el criterio de los expertos, que nunca será definitivo. Es la forma "académica" de tratar este asunto.
Yo prefiero verlo de una manera por completo diferente. Para mí, hay un ser vivo, el autor, que necesita escribir algo en un momento dado. Y hay otro ser vivo, el lector, que necesita leer algo,en otro momento. Y cuando se produce el encuentro mágico entre un autor y un lector concreto, salta una chispa y se incendia el universo entero. Es como un nuevo milagro de la vida, tal mismo como una divina concepción.
Esos encuentros mágicos son extraordinariamente difíciles y cuando se produce uno de ellos un escalofrío de comunicación recorre el mundo, es como si el lector fuese literalmente devorado por el texto, que se ha convertido de repente en una mediación. Es como una comunión del mundo con el mundo, en el que las máscaras caen y de repente no hay ninguna urgencia, puesto que todo es armónico.
¿El precio? Tal vez dejarse "penetrar" por los misterios. En el fondo es un acto de amor.

(Publicado también en Grupo Buho)

El amor

Libertarse de uno mismo es la mayor aspiración a la que el ser humano puede acceder.
¡Y sólo puede hacerlo amando!
También es el máximo sacrificio, así como el acto de mayor generosidad que cabe imaginar.
El que no está contento con su vida, suele hacerlo desde la óptica del "sí propio". Espera recibir, incluso en ocasiones cree que entrega mucho más de lo que recibe.
Pero amar no consiste en esperar la limosna de la correspondencia, sino entregarse sin condiciones.
Sólo escapando de la propia cárcel es posible la libertad plena.
En tiempos de individualismo feroz, sé que éste no es el discurso más apreciado, incluso es el llamado a fracasar estrepitosamente. Pero es el que se me ocurre hoy, jejeje... ustedes perdonen.

(Publicado también en Grupo Buho)

La ardiente espera

Baila para mí una bella canción de amor, mujer, despeja mis dudas y entrégame el tesoro de tu risa y el diamante de tu cuerpo, para que yo lo talle, con fiel y entregada dedicación, como un escultor de emociones puras, y déjame que cabalgue contigo a la busca sosegada de un refugio seguro, adonde poder dirigirte la súplica de tu mirar anhelante, donde poder sufrir el vértigo de tu escapar transeúnte.
Baila para mí por un día, amorosa mujer de cálidas aguas y calientes gemas...

(Publicado también en Grubo Buho)

Marisa y yo

A través de la cristalera translúcida del tendedero percibí una especie de sombra deslizándose sobre las caderas de Marisa. Abrí la puerta y no vi a nadie, pero sin saber cómo arremetí contra ella con una botella vacía que me había traído del bar y que cogí bruscamente de la fría mesa. Sin embargo, cuando ya estaba a punto de estallar de gozo tropecé con algo que me hizo girar primero y caer al vacío después, por el hueco justo que dejaban dos sábanas blancas. La luz y la embriaguez me cegaron y no pude ver el final.

Cuando desperté vi a mi hija Laura que sonreía y decía en voz muy alta: "papá ha despertado en su quinta semana". Levanté la mirada y allí estaba Marisa, junto a otro hombre. Reían sin parar... luego se me acercó al oído y me dijo: "ahora te toca a ti, cabrón". Quise elevar los brazos para estrangularla, pero los músculos no me respondieron. Quise gritar, pero sólo se oyó un murmullo hueco. Quise convocar a todas las fuerzas de la ira, pero las fuerzas me abandonaron... y sólo conseguí que la enfermera me cambiase de trapos, mientras el guirigay del médico terminaba por convencerme con todo detalle de mi nueva condición de vegetal.

Después de luchar otras cinco semanas contra mí mismo, me rendí a la evidencia. Pero por otro lado, y pese a Marisa, jamás volví a sentir el demonio desatado de los celos. Por fin, el descanso y la paz. Por fin pude apiadarme de ella cuando la volví a ver reirse de mí, junto a su amiguito. A partir de cierto momento me bastó la mirada de mi hija Laura para sentirme pleno.

(publicado también en grupo Buho)

Amor compartido

Fue romántico hacerlo a la luz de la luna. Acariciarla, desearla, fundirse en sus ansias y lamentos, sacar de su garganta los gemidos más profundos, percibir su acoplamiento frenético sobre la fina arena de la playa, aquella noche, experimentar sus audaces y felinos acordes sensuales, vibrar bajo su influjo latino, de piel aterciopelada y morena, sufrir sus encantos como un amante enloquecido.

Me dormí junto a ella, feliz de haberla amado, con su cuerpo ondulado y provocador junto al mío, que latía de emoción contenida, esperando un melífico despertar. Soñé con ella, y volvimos a hacerlo, una y mil veces, en aquel estremecedor y placentero sueño rosado, a veces subido hasta el carmín.

Cuando desperté, ya no estaba. Pensé que la habían secuestrado, quién sabe si violado. Me desesperé, no sabía qué hacer, dónde buscar, a quién acudir. Afortunadamente, la vi al poco, risueña como siempre, haciéndolo de nuevo. Estaba con otro, a unos metros de mí, tras una barca.

Me acerqué y me enamoró de nuevo. La pasión que arrancaba de las manos trémulas del otro, de su boca... era muy parecida a la que conseguía conmigo. Me la dio, y volví a pasar mis dedos por sus cuerdas. Sonaba como siempre, como los ángeles.

(Publicado también en Grupo Buho)

Llueve sobre mi corazón

Desde hace unos días tengo el corazón encharcado, gracias a ti, que me hechizaste y los sentidos me robaste. El llanto se eleva al cielo y se transforma en canto, quebrado por tu ausencia, pero aquí estoy... fingiendo valor y desencanto.

Me abandonaste cuando mejor habías fingido quererme, y a pesar del engaño, no hubo tormenta, ni siquiera quebranto. Apenas una fina lluvia, que me desnuda el corazón, como miel azucarada que me endulza este dolor de espanto.

Afuera también llueve, y el mundo sigue girando.

(Publicado en Grupo Buho)

Antipoema

Esta noche deseo expresarme con viveza,
mira tú por dónde,
y renuncio a las estériles palabras,
que nada dicen...
y me inspiro en los grandes misterios,
pero es inútil.

Mi corazón está vacío,
vaya novedad,
no busco la belleza...
a la vista está,
ni siquiera la verdad,
qué coño, la verdad...

Me basta un bote de cerveza,
dejar la mirada perdida,
comprobar cómo huye mi tiempo,
y yo, incapaz de detenerlo,
me dejo llevar...

Me aferro a los días,
a las quimeras,
a los ocios,
y resulta que, de pronto,
resuena en mi mente un murmullo
de cerezas... ¿de cerezas?
¿Y por qué no de elefantes?

Total, por el precio de uno...
¡me llevo los dos!

(Publicado también en Grupo Buho)

Renacimiento

Un día me quedé mirando tu seno dormido. Adiviné en la penumbra un rumor de hojarasca y percibí el paso del tiempo. Lo besé, se estremeció por un instante y me devolvió un leve aleteo de plácido sosiego, de vieja calma. Lo cubrí con mi mano amorosamente, y abriste los ojos. Un brillo de seda cruzó el espacio y me enamoré de nuevo. Aquella lejana pasión que creía dormida volvió a la vida... y un escalofrío caliente me recorrió de arriba abajo, como un latigazo dulce e hiriente. Y te sentí de nuevo, ¡amada mía!

(Publicado también en grupo Buho)

Misiva para las que sienten...

Tú eres poesía vaporosa y densa, amorosa y paciente, cuajada de pasión y aliterada por suaves plumas de tu esquiva cintura. Por ti, que sientes, soy capaz de navegar los procelosos mares, atravesar los desiertos, escalar las montañas y soportar los terribles vientos... para después abandonarme en tu arroyo sereno, y dejar que mis labios rocen tu jardín secreto. Para ti escribo, por ti vivo, en ti me inspiro y susurro palabras de dicha eterna, ancladas en el cielo, para siempre fijadas en su rumbo de antorcha viva, de tenaz e inconsecuente anhelo.

Te quiero tanto que de mí me olvido y morir quisiera ya en tu recuerdo como una brasa encendida y perpetua. De esa querencia me alimento, por ella trabajo y subsisto, a ella me entrego, con tal fuerza que ni fuerzas me quedan para transmitírtelo y que te llegue con la melosa dulzura del amante ido, enajenado.

Sin ti, la nada... contigo ¡un paraíso cada amanecer y una fiesta de los sentidos!

(Publicado también en Grupo Buho)

Conjunción astral

Soy puro fuego
y cancelo tu cuerpo,
los dos en uno,
universo de estrellas,
y destellos...

Encendida te encuentro,
de pasión derramada,
primavera que emerge
renaciendo en nosotros
como alborada dorada...

Cual dos fieras
amantes y tiernas
nos mordemos
nos besamos
nos queremos...

Esa suavidad tan tuya,
por mí tan querida
me arropa y remansa
en esta alba divina
que quiere ser primitiva...

Abrazados dulcemente
el día nos recibe
con ilusión renovada,
y enajenados,
no existe mundo
¡ni nada!...

(Publicado también en Grupo Buho)

Aquella primera vez contigo

El quinto botón de tu blusa me azoró doblemente. Sería porque tus pechos me apuntaban como una ballesta y ya me sentía mortalmente herido.

El primero fue fácil, mientras te besaba dulcemente, con suavidad exquisita. El segundo se resistió un poco porque me mordías en los lóbulos de las orejas y no acertaba, yo me reía y tú te excitabas. El tercero me costó lo suyo, porque no dejabas de cimbrearte, ciega como gacela ya derribada y perdida. El cuarto fue sencillo, puesto que me mirabas arrobada, plenamente entregada. Te volví a besar y me abrazaste con ardor y hundiste tus uñas de gata en mi desnuda espalda, y sentí tu ardiente pecho queriendo ser devorado por el tigre encelado.

Pero el quinto se resistía queriendo detener el instante para volverlo eterno. Se volvió arrogante, cual diapasón rítmico y caliente. Te arqueabas y gemías, como si el amor ya hubiese penetrado en ti, voluptuosamente dada a la orgía cósmica de la pasión informe. Me ayudaste, mis manos vacilaron al contacto con las tuyas y nos besamos y abrazamos nuevamente, con amor creciente, y aquel maldito botón era un obstáculo obstinado e insalvable, así que con impaciencia acabé tirando de tu blusa hacia arriba, ¿recuerdas?... y elevaste los brazos, y aquella ropa salió de tu carne fresca y temblorosa, y te mordí, y me mordiste, y te arranqué el sujetador con mis dientes de acerado doberman, y se ofrecieron tus pechos como brasas ardientes, y me hundí en ellos como si fuera la última cosa que hacía en el mundo... aquella primera vez, contigo.

(Publicado también en Grupo Buho)

Ensayo de monólogo

Estoy harta, harta de todo, hasta los mismísimos ovarios. Estoy harta de tanta hipocresía disfrazada de corrección, de decir a todo que sí cuando lo que quiero decir es NO. Estoy harta de que me pongas esa cara de cordero degollado cuando sé, lo sé... tan cierto como veo esta tinta negra, que te estás tirando a otras, chulo de mierda... Federico... lo peor es que no veo salida, bueno... sí, darle a la ginebra hasta que reviente, me da todo igual, sé que nadie me va a querer nunca, tal vez no le importe un carajo a nadie, ni a mi madre... bueno bueno, tal vez no... seguro que noooo... los que me han querido al final eran unos egoístas de mucho cuidado, jajaja... y luego te hablan de amor, qué sabrán ellos.... y ellas peor, haciéndose las santas, cuando son tan putas como yo... sí, no me da corte confesarlo. Soy una putaaaaaaa, ¿y qué, acaso sois mejores que yo? Que os den por donde amargan los pepinos... sólo quería escribir una canción de amor... pero estoy loca, aggggggr... yo sólo quería un poco de amor y compresión... ¿es tanto pedir?... pero ya no me quiero callar más, al fin y al cabo esto no lo va a leer nadie y puedo desahogarme a gusto,... bien, ya he llorado bastante, ya está bien... ahora me voy a poner guapa y voy a quererme un poquito, sólo un poquito... que sufran ellos, voy a hacerles morder el polvo, o al menos que el polvo les salga caro, carísimo.... voy a fingir que les amo, como hacen ellos, ni más ni menos, y cuando quieran otro quiqui me van a encontrar con otro, pa que sufran y sepan qué es sufrir... y luego están las amigas, qué asco, te están contando lo buenas que son y lo que sufren y luego se están tirando a tu hombre, puaffffffff... voy a vomitar... ya estoy aquí de nuevo dándole a la pluma, como si esto me sirviera de algo, un consuelo quizás.... no va más allá, los hay tarugos que no cesan de enviarme correos diciéndome que escribo tan bien, tan espontánea... como si no los conociera, sólo quieren ligarme y llevarme a la cama, y luego dejarte porque se han cansado, o porque han encontrado otra carne más fresca, o más sabrosa... o porque no se la chupas así o asá, los hay guarros sin ningún respeto que ni siquiera se lavan, y tampoco les importa si tú no te has lavado, meten la cabeza como cochinos y a chupar, y no les puedes decir nada porque te salen agresivos mientras están así encoñados, te hacen cerrar la boca... a alguno ya se le ha ido la mano conmigo, luego me ven llorar y me piden perdón... qué jodida estoy, ¡dios! me dan ganas de hacer una locura, pero no les voy a dar ese gustazo, que se jodan ellos... sé que les gustaría enterrarme, pero lo que voy a hacer es ponerme bonita esta noche y salir a la calle, me van a querer todos, por lo menos unos cuantos, pero me lo van a pagar, en moneda local o internacional, me da igual... ¡Oh, qué locura! No sé qué coño he hecho... qué sueño me está entrando... Cuando entre Federico, ese que me enamoró y que luego que me dejó como a un mueble viejo, va a saber... ya lo creo que va a saber... es mi venganza, así lo quiero, Federico, porquer ni chulo de putas sabes ser, y te vas a encontrar con un lindo y dulce cadáver en tus manos, jajaja... a lo mejor así te vuelves persona... O no, ya me da igual todo... ¡qué dulce eres corazón!... ahora me acuerdo de Serpico, un tontolaba que conocí por internet, cuando me daba por escribir cosas como estas... el pobre se creía algo, pero era como los demás, tan ególatra como todos... me voy... me estoy yendo, qué agradable sensación, debía haberme tomado el tubo entero... no quiero morir, Federico, quiero que me lleves al hospital y que me ames, al menos mientras estoy allí, con los sueros y todo eso... Federico, amor mío, ¿por qué no vienes ya?.... zzz... te estás retrasando... zzz... prome tiste.... a las ocho... zzz... y ya son cerca de la nueveeeeee... zzz.... zzz.... zzz... qué sueño... zzzzzzz

(Publicado asimismo en Grupo Buho)

A ti

A ti, viajera lejana
del tiempo y del espacio,
musa de poetas,
encantadora doncella...

A ti me dirijo
con mano trémula,
encendiendo las sílabas
y atrapando tus caderas.

A ti, estela marina
que luces símbolos ocultos
allá en las profundidades
de tu gruta insondable.

A ti me rindo,
ocasional cantora
de amores y penas.
Por ti suspiro.

(Publicado también en Grupo Buho)

Juego

Tras la gran inundación desbocada
me la encuentro febril y agitada,
plena, generosa, culta y refinada,
buscando en las palabras arcanos.

Y entra en mi vida como un arpón,
rasgándola para mil secretos arrancar,
sin importarle la muerte ni el dolor,
sólo la plebeya y aquilina pasión.

Dama tan próxima y lejana,
la que requerir mi verso demanda.
Pues bien, aquí te lo ofrezco,
desnudo y terso, loco de aflicción.

Volar quisiera para amarte sin demora
mas... ¡hay tanto que hablar aún!
Me susurras que no me conoces,
como si conocerme supusiera un gran alivio.

Pero me entrego todo, ¿me oyes?
te doy mi alma, y mis palabras vanas,
y mi verbo insulso, y mis raíces secas...
por una sola lágrima de tu sentir.

Esa es mi bella dama encarnada
en una gota divina de lluvia fina.
Derrotada mi arrogancia, tuyo soy,
sin tu presencia y tu fluir ¡nada!

(Publicado en Grupo Buho y dedicado a Lily)

Falso ensayo

Soledad, frío, desespero... me voy derecho a la estación del tren. Será sólo un momento, después la eternidad vacía pero infinita. Mi propósito es firme y determinado, resoluto. Es ya de noche, y la noche acoge bien a los suicidas. Llego al vestíbulo y veo un tren parado. Miro los horarios y me doy cuenta que es el último del día. Ando muy rápido para ponerme delante de él, pero se pone en marcha, acelero el paso, corro... y por un instante me veo haciendo el ridículo frente a una máquina y me freno. Mi dignidad ha impedido lo peor. Mi dignidad siempre se impone, en los momentos más inoportunos.

Me recompongo, me siento en un banco, mis labios comienzan a dibujar una maliciosa sonrisa que se va profundizando a medida que pasa el tiempo. De pronto me siento feliz y no comprendo nada. Me olvido de todo y me quedo dormido. El frío me despierta y corro de nuevo, pero esta vez hacia la vida, corro y corro hasta que el golpeteo de la sangre en mis sienes me recuerda una y otra vez que estoy vivo. Llego a casa y me meto entre las sábanas. Abrazo a mi mujer que duerme plácidamente. Deslizo la mano sobre su cadera, ronronea un poco y me siento transportado de nuevo a la nívea galería que se ilumina bruscamente con los colores de la vida.

(Publicado también en Grupo Buho)

Uno más

Soy del montón... y me gusta,
no quiero ser masa ni elite,
más bien un tipo medio,
idiota lo justo,
cretino las más de las veces,
impertinente y acuoso,
hacedor de poemas de nada.
Quisiera montar a las hembras
como si nada...
pero no se dejan por nada.
Quisiera ser pasto de infierno,
maldad encarnada,
anticristo feroz,
pero me quedo en la nada,
sabiéndome tuyo ¡por nada!
Y al final me detengo...
curioso y risueño,
en la alborada dorada.

(Publicado también en Grupo Buho)

Saciado

Mi vida era una melodía suave y amable que tú has transformado en una ciega sinfonía de amor vencido. ¿Cómo no entregarme? ¿Cómo huir de la alegre compañía? ¿Cómo no ser sensible a la dulzura y a tu mirada plena? ¿Cómo no quererte, y amarte, y desearte?

Eres para mí como un tormento, como un azote del viento, como una mar agitada... y tiemblo, y me estremezco cuando me acunas con tu canto de sirena, y de nada me valen las cuerdas que me prestó Ulises, y mi barco se hunde, con todo mi amor dentro. ¡Y grito! Pero nadie me oye, tan sólo la brisa susurra en secreto mi destino incierto.

(Publicado también en Grupo Buho)

Morir de amor

Ella me va a hacer morir de amor. Tal vez lo merezca, por estúpido. Siempre lo fui, y no aprendo. Les das todo, y no se conforman... quieren más y más, hasta que explotas. Soy un hombre maltratado por la vida, pero me conformo... soy un buda occidental, un macaco del imperio de la nada, un ser superficial, la mente de un fantasma, el ocaso del olvido.

Sin embargo, escribir mi mal me reconforta. Parece recogerse, e irse por donde ha venido. ¡Ciao, bambino! Mándame una postal, desde el infierno del destino. Me rio, pero por dentro soy un cauce seco, ni una lágrima más brota de mi alma en pena. Lo doy por concluido, es mi sino.

Morir de amor... ¡qué muerte más bella! Inocente soy del todo, pero acepto el veredicto. Moriré por ti, mi dulce amor, me transformaré en partícula, que inhalarás dormida, y envenenaré tu sueño, y me sentirás por dentro, como yo te sentí por fuera, aquel día, en Granada, mientras te desvestías...

(Publicado también en Grupo Buho)

Ceniza y fuego

Vienes a mí como una gacela asustada, en las noches silenciosas y tenues, como una variación gozosa de la sutil luna, y me dices palabras de amor tan sinceras que todo mi cuerpo tiembla, y se agita, y se estremece en la oscura noche, dejando en el aire denso un pálpito de destino incierto.

Entonces, sólo entonces... ebrio de amor me siento, sin más orden ni sino que tu dulce palabra susurrada, que lentamente provoca en mí la más completa abrasión, ¡me quemo en tu seno!

Ceniza ya soy, pero también el ave que resurgirá en pleno vuelo, con ardor y fuego, con pasión incontenida, sólo para poder expresar la luz de tu esencia, de tu presencia y existencia vivas, como un arco iris tras el infinito cielo.

(Publicado también en Grupo Buho)

Carta de un enamorado

Te escribo a ti, querida niña fugitiva. No temas, no aspiro a tu cuerpo, ni siquiera a tu presencia. Pero deja al menos que te diga que te quiero. Que amo tu sentir y tu querencia, que adoro lo paciente y amorosa que es tu esencia.

Lo digo porque sí, porque así lo siento, y no me importan las normas ni las fútiles ciencias de las poéticas artes. Me las paso por el forro de mi propia existencia, que es sólo para ti y para ninguna otra, amor destilado en noches agónicas de ausencia, amor presentido en tu inocencia, amor roto y vuelto a coser con delicada prestancia, y cuidado, y quietud, y magnificencia.

Este breve poema, más bien carta, sólo quería recordarte, y saludarte en la aquiescencia de tu mirada, en la fugacidad de la esperanza vana. Te amo porque sí, porque eres mía, y porque yo soy tuyo, para siempre, sin rejas ni silencios.

Te amo con pasión y con locura, y me doy entero, como una extensión de mi piel hasta tu piel, como una confusión y yuxtaposición de símbolos de amor correspondidos.

Heme aquí, desnudo y fiero... pero siempre a tu lado, como un cordero. Tierno y sincero... hombre al fin, odiosamente inútil, pero ciego de amor y celo, y vencido en tu seno... dulce y amoroso seno.

(Publicado también en Grupo Buho)

Propensión

De todas las cosas que el mundo me ha dado, amo una como la más querida y preciosa. Siento curiosidad como otros respiran o golpean su sien con las venas. Al son de cada latido, el descubrimiento de un secreto, de un enigma escondido.

Con cada mirada plena, la aparición de un sentido. Y con cada pensamiento, un deseo, un incendio, un rapto: encontrarte quiero, y encontrarme en ti... si puedo.

Cada vez que levanto la vista al cielo, cientos de nubes me impiden verlo. Pero mi mirada es más profunda, y descubro las lejanas estrellas en cada signo.

Cuando miro atento al microscopio de la vida, germina el trigo o una camada nueva tiene la loba. Es un movimiento continuo y fecundo.

Así soy yo: curioso impenitente. Pero lo morboso está en que no lo hago a propósito. Me sale sin quererlo, como una expresión de júbilo. Mi alegría es un torrente, que discurre precipitado y fluyente.

¿Mi secreto? Un arcano encendido... y perpetuo.

(Publicado también en Grupo Buho)

Querer

Quiero ser lágrima en tu ojo,
y bañarte entera.
Quiero ser crema en tu piel,
y penetrarte toda.
Quiero ser cabello en tu cabeza,
y ondear al viento.
Quiero ser uña en tu pie,
y crecerte dentro.
Quiero ser ombligo en tu vientre,
y observar atento.
Quiero ser pezón en tu pecho,
y abrirme afuera
como una flor en primavera.

(Publicado también en Grupo Buho)

Verdad y mentira

Brotó en mí un sentimiento.

Lo dejé crecer y crecer.

Se convirtió en una pasión.

De pasión pasó a exaltación.

Brincó de nuevo, y volvióse locura.

Ahora soy como un niño.

Y no miento !

(Publicado también en Grupo Buho)

Apunte

Entré en tu habitación por la ventana. Estabas dormida y preciosa. Me desvestí y me metí entre aquellas sabanas sedosas. Te diste la vuelta. Me abracé a tu suave desnudez y me sentí abrigado.
Moviste el cuello, entreabriste los labios y te los humedecistes con la lengua. Ronroneaste. Me acerqué un poco más y echaste el hermoso trasero hacia atrás. Me entregaste tu abismo. Me deslicé dentro de ti y te estremeciste. Me dormí de puro placer, y no te solté hasta el amanecer.
Luego, desaparecí. Te despertaste, respiraste muy hondo, te levantaste, te miraste al espejo y te viste más joven. Desde el otro lado del espejo sonreí. Me devolviste la sonrisa. Después fuiste a la Biblioteca Nacional y buscaste libros sobre mí. Me metí en tu mente y te ayudé. Estabas fascinada cuando me viste en un grabado, pero en ese momento me cortaron la comunicación desde el mismísimo infierno.

Caí al suelo, desmayada. Me trajeron a este hospital y aún no sé por qué estoy aquí. Espero que el doctor me diga algo. Estoy confusa y no recuerdo nada, ni siquiera cómo me llamo o dónde vivo.

(Publicado también en Grupo Buho)

En una dulce prisión

Por las mañanas, mi mente te entrego.
Por las tardes, mi íntimo espíritu.
Por las noches, todo mi cuerpo.

Si hace frío, tu calor siento.
Si la soledad me turba, me reconfortas.
Si melancolía, alegría a mi vida aportas.

Cuando te necesito, mano amiga eres.
Si desamor tengo, amor me ofreces.
Si desazón, consuelo y aliento.

¡Mi niña bonita!
Aquella a la que amo,
y con mi pasión reclamo.

¡Átame, porque esclavo soy de tu querer!
Si no te tengo, morir quiero.
Si te alejas, me muero.

Si me dejas,
el mundo es negrura
¡y espanto!

(Publicado también en Grupo Buho)

Fragmento novela (3)

Transitábamos todavía la época álgida de la Guerra Fría, los soviéticos asustaban mucho al gentilhombre americano con sus misiles apuntando al corazón de la primera y democrática potencia, ¡y eso no era ninguna broma! También el “American way of life” estaba en su punto culminante, habían pisado la Luna y demás... aunque eso sí, parecían un poco mosqueados por lo de Vietnam y necesitaban desquitarse, y parece que la oportunidad la vieron en su patio trasero, América para los americanos, ¡qué diantres ni qué cuentos subversivos, de aquí no pasarán! Ya estaba bien que pudieran perder Laos, Camboya y todo el dominó asiático, pero ¿América?... ¿qué se había creído ese Salvador Allende, tendrían que darle alguna amarga pócima para que despertase de su absurdo sueño justiciero?

Hasta aquí, sólo historia reciente, hechos consumados, destino inapelable, hasta que una noche, mientras tomábamos una cerveza helada, después de un duro y caluroso día de trabajo, Luis Alberto se vino abajo, literalmente. Comenzó a llorar entrecortadamente en la penumbra del garito en que nos encontrábamos, y llegué a estar colocado al borde de una inquietante situación. ¿Qué podía haber dicho o hecho?, me preguntaba. No sabía qué le estaba pasando... conversábamos, y no sé qué le dije o le dejé de decir, pero en un momento determinado, para mi entera sorpresa, porque no lo esperaba en absoluto, se derrumbó por completo. Luis Alberto era frágil e idealista, eso se veía a la legua, pero aquella situación no parecía corresponderse con lo poco que sabía de él, era algo anómalo y aparentemente sin motivo.

Luego que se hubo tranquilizado un poco, comenzó a contarme lo que había pasado en Chile con su hermana, tres años mayor que él. Estaba ya claro, para entonces, que quería sacárselo de dentro como fuera. No sé si le había llegado a preguntar por la familia... pero, de repente, se agolparon en su cabeza todos los numerosos fantasmas de su pasado reciente. Con un puño en la garganta, y el corazón traspasado por el dolor de la evocación cercana, me contó que su hermana había sido torturada y violada salvajemente por los cuerpos de represión del nuevo régimen, y me dio algunos detalles, sumamente terribles y desapacibles, y no parecía que exagerara ni un ápice.

Mientras me lo contaba, me di cuenta cómo casi con total seguridad había asociado mi apellido con uno de los instrumentos de tortura que habían aplicado sobre su hermana. Tal vez desde el mismo día que me conoció hiciese esa desgraciada asociación, hasta estallar aquella tarde en puro llanto. Según me relató, sólo cuando los represores estuvieron seguros de que no tenía nada que ver con movimiento subversivo alguno, la soltaron, aunque para entonces ya era tarde para salvar su vida. Murió pocos días después, en un hospital cualquiera de Santiago. El parte médico anotó “fallo cardíaco”.

Fragmento novela (2)

Jugué con la idea del cambio de parejas, a lo que Ana respondió vehemente con un “sí, sí, por favor, sí...”, y Pablo, ya lanzado y desinhibido y olvidado completamente de lo que le esperaba al día siguiente, fue todavía más lejos... y habló del amor libre y loco, de la música, del vino y la bohemia y todas las magníficas alegrías del nuevo mundo. Y, en un momento dado, pletórico y efusivo, propuso a aquellas gatas en celo que por qué no nos hacían un estriptís, para nuestro entero lujo y disfrute, a lo cual Ana replicó inmediatamente, felina y ágil, que por qué no jugábamos a las prendas. Se movió resuelta y expeditivamente antes de que pudiéramos oponernos, sacó unos dados de un cajón, y al fin acordamos que se desprendería de alguna prenda el que sacase la menor tirada en cada tanda, dejando el concepto de “prenda” en el aire, vagamente indeterminado.

Cuando me tocó a mí me deshice de una moneda, y un clamor popular femenino se alzó, díscolo y revoltoso, hasta que me quité uno de los zapatos. Siguió el juego hasta que Ana tenía que despojarse de su blusa, y el caso era que no llevaba sujetador. Se lo pensó dos veces, disminuyó su entusiasmo inicial por el juego y protestó diciendo que nosotros íbamos acorazados frente a ellas, así que tuvimos que ceder y desaparecieron para ponerse más prendas. Regresaron bien pertrechadas y comenzamos el juego de nuevo. Todo fue bien y en progresiva excitación –una de las chicas ya estaba en bragas y sostén, mientras nosotros aún nos manteníamos decentemente presentables – hasta que en mi turno llegué a tener verdadera mala suerte, porque saqué el número más bajo en tres tiradas sucesivas, y a la tercera ya me quedé en pelota picada, al tener que quitarme mi última prenda, la que cubría púdicamente mis vergüenzas.

Reseña

Título: “ME TOCÓ LA CHINA Y ME LARGUÉ CON ELLA”
Registro Prop. Intelectual: B-2317-08
Autor: José Piqueras
Novela. Preliminares y 22 capítulos.

Sergio Picana, alter ego del autor, es un antihéroe típico: nada le sale bien, nada funciona como debiera, sus amores son frustrados, sus anhelos aniquilados, no tiene metas y está confuso y perdido.

La trayectoria vital del protagonista está enmarcada en un contexto sociohistórico muy concreto: la última fase de la dictadura franquista y la primera transición. La vida cotidiana y la evolución política y social se van encadenando en varios cuadros, casi autónomos, ligados cronológicamente y cuyo nexo de unión sería la figura principal que actúa como contrapeso escéptico a una época de cambios fulgurantes.

Novela satírica y de reflexión a partes iguales, en donde caben armónicamente lo social y lo político, lo íntimo y lo banal, la vida corriente o la anécdota social, el sexo y el poder, la vida anodina y la pasión desatada, el trabajo y la diversión.

El sentido del humor del protagonista, así como su capacidad innata para salvar situaciones comprometidas y adaptarse al medio, incluso en la propia aceptación de la desgracia, propia o ajena, hacen de él un tipo marginal, pero empático, que consigue reconducir su vida a través de la expresión escrita, mucho antes incluso de llegar a publicar nada. Y siempre utilizará está vía para ir desgranando acontecimientos y vivencias diversas, sacadas de su propia peripecia vital.

10 de Abril: kilómetro cero

Después de muchos meses, puedo dar por finalizada la novela que tanto me ha costado. Vamos a ver si se edita y cómo se edita. Iré contando los pasos, las negativas, los rechazos, como un improvisado "diario de edición".

El viernes, 11 de Abril la registré en Barcelona, con el título "Me tocó la china y me largué con ella", con unos Preliminares y 22 capítulos. En esencia, se trata de retazos de mi propia vida, protagonizados por un alter ego llamado Sergio Picana, cuyo nexo de unión sería la propia trayectoria vital del sujeto, enmarcada en un contexto sociohistórico determinado y concreto: la última fase de la dictadura franquista y la primera transición.

La vida cotidiana y la evolución política y social se van encadenando en varios cuadros, ligados cronológicamente y unidos por la figura del antihéroe que figura como contrapeso escéptico a una época de cambios fulgurantes.

Fragmento novela (1)

A veces salía los domingos, con los otros chicos de Logos, y procuraba que terminásemos en el cine, lo que conseguía de tanto en tanto. En la mayoría de ocasiones, sin embargo, nos íbamos con el tren por la costa buscando una sala de baile. Y cuando entrábamos en ella, la mitad del tiempo se hablaba de política, y sólo algún lanzado se atrevía a pedirle a alguna chica para bailar, lo cual además era muy raro, porque ya había llegado aquí, apremiante, la moda de los bailes libres, sobre todo entre los jóvenes. Los veteranos eran otra cosa, ellos tenían sus propios garitos de bailes lentos y bien agarrados.

Pues bien, cuando uno de los amiguetes se lanzaba al ruedo de luz y fuego, en busca de una mocita que le mirase con buenos ojos, los demás mirábamos al apestado y nos congratulábamos de lo conscientes que éramos, ya que no perdíamos el tiempo con el otro sexo. Sin embargo, a decir verdad, las observábamos continuamente de reojo, desde el primer cabello de sus melenas rubias o morenas, lacias o rizadas, hasta los lindos zapatitos, pasando detenidamente, claro está, por el resto de su fabulosa anatomía. Y era tan bonito si ellas, a su vez, te lanzaban una mirada furtiva y cómplice, era tan delicado y perturbador, además de poético, que es difícil describirlo con vanas y estériles palabras. Lo inefable difícilmente es reproducible, en cualquier formato.

Bueno, la verdad es que cada uno ligaba lo que podía y cuando podía, yo generalmente me escabullía de un lado para otro, por cualquier rincón, porque el solo roce con una de aquellas ninfas me ponía nervioso, atolondrado, me avergonzaba hasta del día de mi nacimiento, y me arrepentía de haber venido a este mundo. Y menos mal que ellas nunca te dirigían la palabra, eso era extremadamente raro. Otros tiempos eran, sin duda.

Sólo me resta decir, para completar este pequeño cuadro, que el grupo de futuros líderes de la revolución se disolvió pronto. Algunos, desengañados de la política, se unieron con entusiasmo fanático al descubrimiento de la revolución pendiente de la mujer y del amor libre. Aquí, en este punto, me hubiera ubicado bien, pero mi timidez invencible y mis ínfulas científicas lo impidieron, lastrando por completo mi destino como donjuán calavera. Así que doné mi alma, sin el menor convencimiento, al futuro de la ciencia y de la investigación altruista.

Otros, más conscientes, sin duda, o más valientes, terminaron por sumarse a células políticas activas, incluso uno de ellos terminó en un grupo armado... pero de eso sólo me enteré al cabo de unos años. Curiosamente, era el más enclenque de todos, y hasta resultó gracioso, en su momento.Por último, Miguel, mi amigo, vecino y confidente, terminó por decirme, ya harto de mis dudas, que yo era un reaccionario genuino, y que él prefería la fábrica a la universidad, para poder luchar en primera línea de fuego. Así lo hizo, dejó los estudios y siguió conspirando. Al cabo de un tiempo, le perdí la pista por completo. Se mudó de casa, aunque muchos años después me lo encontré, saliendo de una estación. Iba a su lado una mujer con un carrito, y él llevaba un niño en sus brazos. Me pareció percibir cierta resignación en su rostro. Como no me había visto, no quise decirle nada. Nunca más volví a verle.

Desde el corazón

Te pienso como una dulce reina. Te deseo y te anhelo. Daría mi vida por ti, amor.. y palabra sólo tengo una. Me apasiono y me desvelo. No puedo dormir, de puro celo. Te siento como una flor viva: del sol tomas la luz, de la luna tus aromas. Y te persigo entre las dunas... ¡y me muero!

Te recito mi verso empobrecido, siempre al borde del camino, siempre inquieto y desvalido. Las palabras no son nada, sólo un modelo hueco. Tu mirada es el todo, que me llena y me atormenta, en noches de luna llena. Tu belleza es mi perdición, que me transporta y alimenta. Y tu inteligencia mi sentir, que me eleva y ennoblece.

Dulce querencia en horas muertas, silentes y quietas. Amor dado, y recibido, y bienhallado. Querida mía, sólo para ti, presencia viva... tengo palabras. De amor penetradas. De amor partidas. Mi corazón robado, ceñido, es tuyo. Nada es mío. Me doy y me derramo entero, y duermo, como un tierno niño, en las entrañas de tus sueños.

Publicado también en Grupo Búho (dedicado a Gominola)

Golondrina

Vienes como una golondrina, juguetona y malandrina, a posarte en mi hombro, y no salgo de mi asombro. ¿Te he llamado o te has perdido? De mi boca salen estrellas de amor que van a morir en un océano indefinido, mientras me arropas con el calor de tu nido.

Ya llega la primavera, y mi sangre está revuelta, y yo mismo estoy salido. Ayer tuve una polución, y la verdad... no sé cómo ha sido. Y hoy elevo al bronceado cielo un canto ardiente, y sólo espero un eco adolescente de mi yo más profundo.

Ven a mí, arisca y dulce, como hermosa doncella macerada en la pena. Deja que te lleve, que te guíe, que te enseñe mis arrebatos y mis penas, a las que nadie nunca tuvo acceso. Deja, golondrina, que te envenene de amor, y te ilumine con mi sueño. Silencio y oquedad, martirio pleno.

(Publicado y dedicado a Gominola, en Grupo Buho)

Erótica Festiva

Yo me había enamorado locamente de una mujer maravillosa, pero como casi siempre me ha pasado en la vida, recibí un fuerte golpe en mi orgullo varonil. A las primeras de cambio, me trocó por otro... más varonil que yo, por supuesto.

Sin embargo, su confesión me afectó bastante, para qué negarlo. Me soliviantó tanto que después de una noche sin dormir, me dejé caer por las Ramblas, cerca del puerto. Arrastraba mis pies como un condenado, y tenía la mirada perdida. A los pocos minutos se acercó una puta. Comenzó su ronroneo monótono y se colgó de mi brazo. Me dejé llevar.

Entramos en el bloque de apartamentos que ella utilizaba y subimos a una habitación. La puta se quitó la ropa en un santiamén y se sentó en la cama, esperándome. Cuando por fin me hube desnudado, lo que me llevó un buen rato... me dijo dulcemente que la dejara hacer. Me tendí en la cama y ella se puso encima, bien pegadita a mí. Yo estaba tan triste que no me preocupé de nada, ni siquiera de empalmarme. Pero logré animarme un poco y comencé a acariciarle los hombros, y entonces me dijo:

- No, cielo, ahí no, en el culete, que estoy quemada por el sol.

No le di importancia y mis manos se fueron mecánicamente a sus nalgas. Pero seguía sin ponérseme dura, así que me fui a los pechos. Quería que la puta se irguiera, pero seguía oponiendo resistencia y abrazándose a mí, lo cual casi agradecía... porque rápidamente me di cuenta que estaba allí para obtener un consuelo, por raquítico y miserable que fuera, y que el sexo era lo de menos.

Pero la chorva tenía un par de tetazas, y no quería desaprovecharlas, así que mi instinto me guió otra vez hacia ellas, las toqué y sobé un rato hasta que aquello (mi verga) parecía que quería izarse. La puta ya tenía los pezones duros como diamantes y quise probarlos. Bruscamente, sin yo esperarlo, de un salto se puso en pie.

- No, así no se puede trabajar, lo siento.

Y comenzó a vestirse con rapidez. Laboralmente hablando, la comprendí. Me quedé sentado en la cama, mirándola. De pronto, comencé a llorar, y le imploré que se quedara un poco más, sólo para hablar, porque lo estaba pasando mal.

- Ah, no... eso no, a mí no me hagas eso -dijo.
- Si quieres te doy más dinero, todo el que llevo.
- No, no es necesario, Sergio... de verdad. Es que no me gustan este tipo de historias.

Y se fue tan rápidamente que no me dio tiempo a insistirle. Dejé de gimotear como un capullo y me apresté a vestirme. Lo hice calmadamente, resignado por completo. Cuando estuve listo, eché mano a mis bolsillos, una vieja manía. Todo parecía en orden, así que me dispuse a salir. Cuando bajaba las escaleras, toda la escena apareció diáfana ante mis ojos, como si un fogonazo me hubiese iluminado de repente.

Corrí escaleras abajo y a la calle. Corrí hacia las Ramblas, puesto que el bloque estaba situado en un callejón lateral. No logré verla. Pero comprendí que por primera vez (y última) una puta me había robado. ¡Qué hija de su madre! Con la excusa de la piel quemada, mientras yo le sobaba las nalgas como un desgraciado chingado, había hurgado con una de sus manos libres mis bolsillos y se había hecho con los tres o cuatro billetes que llevaba.En un par de minutos se me pasó el cabreo y comencé a reir. A mandíbula batiente. Me tomaron por uno de aquellos viejos borrachos que aún pululaban por allí. No habían dado las siete, Barcelona estaba vistiéndose con la luz de un radiante sol y yo tenía treinta años miserablemente administrados. Pero estaba contento y entré sonriendo a un bar. Fin.

(Publicado también en Grupo Buho)

Pasión

Amor mío, eterno y bendito, jamás te enviaré esta carta... por eso me atrevo a escribirla. Quiero que sepas que te amo con locura, que estoy ido, enajenado de mí mismo, que sólo pienso en ti, en tu figura, en tu cara de ángel, hermosa y radiente.

No me preguntes por qué te quiero así, no tengo razones, sólo meras suposiciones. Siento que eres mía, que siempre lo has sido, y sufro cuando te veo con otro, y siento cómo mi vida pierde sentido, y lucho por no sentirlo, y me retiro.

Queridísima mía, cuando abras esta carta (pero no, he dicho que nunca la enviaré)... pero si la abrieras, casualmente, porque voló y llegó a tu ventana, por un azar, por un destino, que sepas que sigo sin razones, y que mi amor es puro, y sin sentido.

Te amo porque eres tú, porque eres como eres, porque te siento, porque te adoro y me enamoro de cada poro de tu piel, de cada cabello, de cada célula que te protege del sol y del frío y del viento... y de mí mismo.

Hasta puede que sea tu enemigo, cuando debiera ser tu amigo. Perdóname, pero tu indiferencia me mata, me taladra los oídos... y quisiera convertirme en nada. Sólo una noche pasé contigo. Y aquí sigo, malherido.

Sólo sé que sin ti no he sido... ni seré.

(Publicado también en Grupo Buho)

La mulata y yo

Ayer estuve con una mulata caribeña. Me dijo que me amaba, aunque supongo que se lo dicen a todos. El caso es que me la encontré en aquel club de mala muerte, en la barra, pasándose el lápiz de labios. Me miró de reojo y me sacó la lengua, sólo una puntita, dándome a entender que esa noche estaba dispuesta a todo.

Hice una seña al barman, y le sirvió una copa. Bebió un pequeño sorbo, se humedeció bien la boca y sacó de nuevo la lengua. La paseó sensualmente por todo el labio superior. En ese momento, ya pensé que estaba perdido. Al poco, después de haberme lanzado algunas insinuantes miradas a las que yo había respondido con una media sonrisa, comenzó a acercarse ondulando las caderas como sólo una mulata de esa clase sabe hacer.

- ¿Quieres, encanto?
- Sí, ¿por qué no?

La seguí mientras seguía ondeando el culo como una bandera inmensa que me conducía a la guerra total. Subimos a un altillo, donde se distinguía un pasillo con varias habitaciones que parecían cubículos. Antes de proseguir, un tipo de mandíbula caballar me pidió la plata. Se la di y entramos a una de las habitaciones libres. Se encendió una luz, de forma automática.

- Me llamo Toni -me dijo.
- Bonito nombre.
- ¿Y tú, encanto?
- Sergio.

Mientras me hablaba de la escasa clientela a esas horas, se iba desvistiendo, una prenda tras otra. La observaba con fascinación. Me quedé con la mirada prendida.

- ¿Qué te pasa, cielo?
- Nada, sigue...

Emergieron sus pechos, como dos montañas doradas. Cuando se aflojó el sujetador, se deslizaron como colinas de arena, ondulantes y ardientes. Después se quitó las braguitas y se quedó un rato con los brazos caídos, mirándome fijamente. Aquella visión me alteró.

- ¿Vienes, cariño?

Comencé a quitarme la ropa, mientras ella se tendía en la cama... y abría sus piernas, para que yo mirase su hendidura, hinchada y tierna, oscura...

Lancé hacia atrás lo que me quedaba de ropa y me tiré a aquel pozo como a un manantial sin fondo. La penetré furiosamente, como si fuese la primera y única mujer sobre la tierra. Me acarició la cabeza y me besó, como una madre.

Pero era una puta, y yo seguí hincando aquel miembro enfebrecido hasta que salió de repente el magma, como una erupción volcánica y desbocada.

Después, me dormí. Cuando desperté estaba en un hospital, y me extrañé. Apareció un médico y pensé lo peor, que aquella mala puta me habría narcotizado y que me habrían sacado algún órgano.

Pero todo era mucho más sencillo. Me había desmayado en aquel club, y ella misma me había llevado al hospital. Al salir el médico, entró ella y se inclinó sobre mi oído.

- Te amo, Sergio.

Sólo pude oir eso y el ruido de unos tacones altos, alejándose. Cerré los ojos, pesadamente.

- Sergio, querido... ¿qué quieres desayunar hoy?

Era mi blanca, con su cantinela matinal.

- Has tenido un sueño muy agitado e inquieto esta noche, querido mío.
- Sí, mi cabeza está pesada... casi no la noto.
- Date prisa, los niños te esperan, pesadito mío.

Después de arreglado, acicalado y desayunado, les dije a los niños:

- Vamos, pequeños, seguid a papá, hoy vamos a explorar la selva tropical.Y los llevé al colegio. En fin.

(Publicada también en Grupo Buho)

Amada

Hoy no he dormido
pensando en ti, mi cielo.
Mi cabeza es un tambor
y mis oídos un zumbido.
Pero me siento feliz
de quererte así, con tanto celo.
¡Mira! ¿Ves?
Yo te veo, te miro
y siento un extravío.
Ven conmigo,
duerme ese anhelo,
que yo te velo.
Y sueño contigo.

Publicado también en Grupo Buho

Pajaritos de color

Sigo riendo, saltando y siendo feliz. Tengo pajaritos en mi cabeza ¡qué juguetones son! Les abro las puertas, de par en par, pero no quieren irse. Son revoltosos y cantores de primera, ruiseñores del amor. Cantan y cantan, y sólo cantan amor. Yo me enfurezco a veces, pero ellos siguen cantando amor. Y me tranquilizo.

Me he acostumbrado tanto a ellos que ya no podría vivir sin su presencia cantora. En ocasiones, me preguntan que por qué no escucho música.

Es que la llevo dentro, incansable y eterna -les digo.Y siempre es deliciosa, porque exalta mis instintos amorosos, largo tiempo silenciados. Así es, mis pajaritos cantan, y yo salto, risueño y feliz. ¿Algún mal hago?

(Publicado también en Grupo Buho)

Decisión

Un buen día, encontrándome bien, animoso y valiente, decidí ser libre, por un afán de aventura. Y me eché a volar. No me costó mucho, puesto que, efectivamente, era libre. Y decidí emigrar. Volé y volé hasta llegar a la China. Durante el trayecto, cazadores hubo que quisieron abatirme, pero como era libre sus disparos sólo me hacían cosquillas.
Después de un rutinario vuelo de inspección por los alrededores de Chai-Ming, decidí tomar tierra. Entonces, me convertí otra vez en un bípedo andante. Decidí esperar al bus, puesto que me hallaba en las afueras de la ciudad. Y como era libre de esperarlo, lo esperé sentado.
Sin embargo, por lo que sea, apareció una unidad del ejército rojo. Me esposaron y me trasladaron a una cárcel. Dijeron que no llevaba pasaporte, y que esa infracción estaba penada por sus leyes.
Una vez cómodamente instalado en la cárcel, pensé que sólo se trataba de un trámite burocrático. Pero no, algo se traspapeló y pasaron los días (también las noches). Incluso se olvidaron de traerme la comida. El caso es que adelgacé tanto que mi perfil también se traspapeló. Mi destino era morir traspapelado.
Hasta que me cansé de esperar. Volví a decidir ser libre de nuevo. Alcé el vuelo, pasé limpiamente entre las rejas de la celda y volví a mi hogar. Tomé tierra otra vez, y con gran sorpresa mía, allí estaba esperándome mi amor, que me colmó de atenciones y mimos.
Decidí, por último, que nunca más quería ser libre. Deseaba estar dulcemente encadenado.

(Publicado también en Grupo Buho)

Mi alma

Mi alma es un juego de cajas chinas. Abro una y me encuentro un diablo. La cierro en seguida. Abro otra y me sale un ángel, volando. Lo dejo marchar.

Abro una tercera y me encuentro a Dios, que me mira, y se rasca la barriga. Abro una cuarta, y una quinta...

Me dan las tantas, y cuando abro la última me encuentro al Amor. Me meto en ella y cierro la tapa. Silencio. Ya no busco más, me conformo y redimo.

(Publicado también en Grupo Buho)

Un anhelo

Hoy no he comido, ¡qué importa! Mi espíritu es juvenil y mi alimento, amor puro. Y el amor me hace danzar, y al danzar experimento un vértigo inusual. ¡Pura alegría!

Una bocanada de aire fresco y el mundo por montera. Es todo lo que necesito. El resto, palabras... sólo palabras, literatura fútil, evanescente parlamento.

(Publicado también en Grupo Buho)

Me siento feliz

Vengo saltando y riendo, como un danzarín. Circense es mi arte, que me evita la muerte. Me siento y observo. Me siento feliz. Tengo unas ganas inmensas de saltar y reir. Y es lo que hago, no importa si me dicen que calle y me aplaque. De puntillas paso enfrente y corro. Se asombran, más no por eso dejo de saltar y reir. Me siento feliz.

(Publicado también en Grupo Buho con el título: Presentación)

A ella

Tras la gran inundación desbocada
ahí la encuentro, febril y agitada,
plena, generosa, culta y refinada.
Busca en las palabras aromas de pasión,
juegos y arcanos desmedidos, sin ton ni son.
Penetra en mi vida como un arpón,
rasgándola para mil secretos arrancar,
sin importarle la muerte ni el dolor.
Dama tan próxima y lejana,
la que requerir mi verso demanda.
Pues bien, aquí te lo ofrezco,
desnudo y terso, loco de aflicción.
Volar quisiera para amarte sin demora
mas... ¡hay tanto que hablar aún!
Me susurras que no me conoces,
como si conocerme supusiera un gran alivio.
Pero me entrego todo, ¿me oyes?
te doy mi alma, y mis palabras vanas,
y mi verbo insulso, y mis raíces secas...
por una sola lágrima de tu sentir,
mi bella dama encarnada
en una gota divina de lluvia fina.
Derrotada mi arrogancia, tuyo soy,
sin tu presencia y tu fluir nada soy.
¡Búscame, encuéntrame, ámame!

Dedicado a LilyJalile, de Grupo Buho

Ahora sí que sí

No hay más excusas, ni retardos. El último y más supremo esfuerzo me espera: dar vida al hijo de la palabra y el pincel.

Saludos.